La frase que titula este escrito, es mencionada en Ciudad Crónica, película colombiana estrenada en el 2004, donde se recrean algunos dilemas en los que puede verse involucrado un periodista. Me repugna la actitud arrogante del director de un medio sensacionalista, que reprende a su reportero por llegar tarde al lugar de los hechos, lo que se representa en no tener la primicia de la noticia y por consiguiente, menos ventas, que es finalmente el significado del periodismo para dicho personaje, responsable del periódico. A continuación, relato la percepción que interiorizo de esta obra.
Un medio de comunicación cuya prioridad es vender está ocupado en tener la primicia del último hecho noticioso, sin importar lo útil que pueda ser para la sociedad. El periodismo tiene inscrita una labor social, por tanto, se compromete con la sociedad a brindar información veraz, revelada en acontecimientos de toda índole: las denuncias, la corrupción, los acuerdos políticos, los movimientos económicos, las relaciones internacionales, los eventos culturales, deportivos y artísticos, o los avances científicos, entre otros hechos que circundan la vida cotidiana, deben ser expuestos a través de los medios para enterar a la sociedad.
El periodismo acerca a la verdad, vista la noción de “verdad” como un hecho que puede ser observado desde diferentes perspectivas. No se pretende asumir una posición absoluta como verdadera, sino aproximarse a otros referentes que la rodean y posiblemente pasen desapercibidos, sin la búsqueda concienzuda del periodista comprometido con su labor de transmitir información confiable, pues la realidad de la sociedad se construye en los medios: “La verdad es un bien público y, por tanto, no es una posesión que puedan manejar a su capricho y conveniencia los periodistas o los medios de comunicación (Restrepo, 2004: 53).”
La sociedad está permeada por diversos ambientes culturales, dentro de los que cada grupo social elige la forma de enterarse sobre el diario acontecer. Para ello eligen de la prensa, la radio, la televisión o la internet, algunos medios de información que se acomoden a sus intereses, ideologías y gustos, dentro de ellos, los medios de comunicación sensacionalistas. Llamados también amarillistas, por la exageración de los hechos con el objeto de impresionar o por enfatizar en asuntos poco agradables, estos medios se dedican a mostrar lo que para otros es irrelevante o que pudo ser manifestado, pero lo retoman para contarlo de otra manera, de tal modo, revelan una parte de la sociedad que también es nuestra realidad.
El modo sensacionalista de contar la historia se produce para un público que disfruta la noticia narrada con cierto grado de morbosidad. Generalmente los medios dedicados a contar de esta manera, llaman la atención del lector desde la primera página con imágenes trágicas y titulares agudos, características inapropiadas para algunos periodistas y lectores; sin embargo, atrayente para otros que quieren evidenciar las atrocidades por medio de historias bien contadas, no por esto, son irrelevantes o menos importantes.
“La humildad de ningún hecho le resta importancia al periodista, en ella está el color y la apariencia del conjunto (Restrepo, 2004: 51).” El periodista que decide laborar en un medio amarillista, está trabajando para un público que tiene la necesidad de enterarse acerca de hechos trágicos y que también exige verdades, y en la búsqueda del acercamiento responsable a lo ocurrido, teje una historia que debe atrapar al lector y que está construida por la redacción, basada en un trabajo de campo que incluye recolección de datos, entrevistas y visitas a lugares relacionados con el hecho que investiga.
El desempeño que tenga un periodista en su labor depende sólo de él. Es cierto que trabajar supeditado a los intereses particulares de una entidad, coarta la libertad de informar con responsabilidad. Factores como la situación económica, la corrupción o la arrogancia pueden restringir la fluidez de la información; sin embargo, la ética y el deber ser de su profesión, le marcarán las pautas a seguir para no caer en la mediocridad y ser leal a la comunidad.
Para desempeñar una profesión que tiene como deber servir a la sociedad, es necesario tener la convicción de lo que se pretende. Sin importar que un cadáver no sienta en el caso hipotético de Ciudad Crónica, un reportero sensible en función de la ética, procura respetar la única evidencia de un ser que ya no hace parte de este mundo, pese al riesgo de perder su trabajo por no llevar la primera foto de la tragedia y la más llamativa, él señala su prioridad en función del compromiso social de su profesión, como debería ser ejercida. “Hay personas que han servido a la humanidad dando ejemplo de vigor ético, para ellos el otro mereció siempre la aplicación de una ética máxima (Restrepo, 2004: 42).”
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