Caras vemos corazones no sabemos

lunes, 1 de junio de 2009

La doble personalidad es el argumento básico del largometraje Psicosis del autor estadounidense Alfred Hitchcock, un concepto mostrado desde la perspectiva de un asesino que asume comportamientos buenos o malos dependiendo de la situación a la que se enfrenta, debido a los trastornos mentales que padece. Psicosis, uno de los tres fundamentos estructurales de la mente humana según Freud. Un elemento que acompaña a la neurosis y a la perversión. Un componente que afecta nuestra conducta, por lo que todos tenemos rasgos de doble personalidad aunque no todos seamos psicópatas.

Decir que una persona tiene doble personalidad es atrevido y para algunos es irrespetuoso porque generalmente se relaciona con ser voluble o tener máscaras, y siendo un término despectivo, evidentemente señala que dicha persona es contradictoria en lo que dice o hace, tal vez sin ser consciente de ello. Prácticamente, ningún ser humano escaparía a experimentar una situación en la que actúe de manera diferente a lo que piensa.

La protagonista de la historia labora desde hace diez años en el mismo lugar y se ha ganado la confianza de su jefe, pero ante la oportunidad de tener us$40.000 para estar con su amante olvida sus principios morales y huye después del robo. Este sólo hecho refleja las vivencias actuales, a las que el ser humano se enfrenta para decir si ó no ante la posibilidad de obtener placer o de alcanzar el objeto de su deseo. En algunos casos someterse a la norma es fácil, en otros se actúa premeditadamente para omitir lo que interfiere y en otros, hacer lo primero que llegó a la cabeza es lo más fácil.

La claridad que hace el autor al final de la historia para explicar el origen del problema, hace de este un final perfecto porque no da lugar a otras interpretaciones sobre la mala conducta de Bates. No se muestra con intenciones amarillistas como lo harían los medios de esta época, en la que día a día vivimos casos que dejan marcas o huellas en nuestra sociedad, donde a muchos se les endureció el corazón por la costumbre de escuchar historias sobre actos macabros. Sin embargo, censurar al asesino no trae solución teniendo en cuenta que la última palabra la tiene la Corte Suprema de Justicia.

La sensación que me deja la historia es en primera instancia la humanidad del ser, pues desde este punto de vista todos tenemos algún rasgo psicópata y por consiguiente no siempre actuamos como debiéramos, no sabemos lo que hay en la mente o en el corazón del otro. En segundo lugar, comprensión y perdón hacia una persona desorientada, tan incapaz de confrontar su mundo que decide eliminar todo lo que representa una amenaza para su felicidad.

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