Existe un misterio que acompaña a la humanidad desde el momento de su concepción. Empezando a vivir, ya está muriendo, es una realidad frente a la que el hombre es una nimiedad, imposible de combatir e inherente a la vida. Pero, ¿Cuál es la razón por la que el temor a experimentarla le invade? No se puede hablar con propiedad de lo que no se ha experimentado, no se sabe si al ser el alma despojada del cuerpo hallará libertad o atadura, bendición o maldición. Sin saber, las almas se abaten ante el dios de la oscuridad, quien acostumbra pasar de improvisto a recoger su ofrenda.
Sacrificios humanos somos para una autoridad suprema e ignorada, que se alimenta con la presencia de almas sustraídas de su casa terrenal. Fortaleciendo el imperio de lo inexplorado por lo material, bajo sus alas abriga las emociones pertenecientes a un cuerpo que ahora, vuelve al polvo, de donde fue tomado.
Que todos moriremos al cuerpo es indiscutible, lo que no se puede afirmar es si también el alma morirá con el cuerpo, pocos han testificado lo vivido al abandonar este mundo y sus opiniones son contradictorias. Hay quienes rodeados de ángeles, dicen sentir una paz que inunda su ser y desearían permanecer allí, también hay quienes cuentan el horror de ser acechados por demonios injuriosos, y todo lo que desearon en ese momento fue volver al cuerpo. El misterio de la muerte es ininteligible a la mente humana, sólo quien lo vive puede comprobar si trae bienestar o pesadumbre. “Por que finalmente nadie sabe que es la muerte, ni si ella es para el hombre, tal vez, el mayor de los bienes y a pesar de ello se le teme, como si se supiese que ella es el mayor de los males”1.
Bendición o maldición para quien la sufre, este tránsito es símbolo de dolor. La separación de seres queridos es causante de resentimiento, enojo, tristeza, soledad, culpabilidad y otros malestares que aquejan al ser humano, y que menoscaban sus sentimientos, ocasionando traumas psicológicos. No todos tienen la capacidad de sobreponerse saludablemente a una pérdida, algunos acuden a un asesor clínico o espiritual, para deshacerse de las cargas que le impone este quebranto. Otros se refugian en algo que les produce placer, llegando a exteriorizar su dolor. Quizá el ingenio y fascinación de Ambrose Bierce por el horror y la muerte, fueron producto de las situaciones trágicas a las que fue sometido desde su niñez.
Con un estilo ingenioso y con el sentido de lo absurdo, Bierce nos sumerge en un mundo fantástico, donde el terror es la constante que agita las aguas del mar de la muerte. Entre cementerios, tumbas y sangre se recrean pleitos, avaricia, amores, desamores, abandono, egoísmo, resentimiento, culpabilidad, irresponsabilidad y nostalgia, siendo las familias protagonistas, sin discriminar clase social, profesión o edad. En su libro Aceite de perro, las vivencias cotidianas son representadas de manera fantasmagórica, en un escenario irreal, que muestra lo infalible como un juego de la mente. Su escritura escueta, le hace comprensible y permite discurrir en la historia.
De dónde proviene la fascinación por la muerte, sólo lo sabe quien escribe. Pero en este escritor, el asunto de expirar va adornado por lo trágico, por conjeturas nefastas que componen un relato, donde el terror persiste y se deja entrever la añoranza de querer morir. “¿Que ojos humanos han podido contemplar lo que el hombre nunca conoció hasta ahora, fuera de sus pesadillas o leyendas más locas?2
Si escribir con tal dominio acerca de lo desconocido, fue la manera de exteriorizar sus opresiones, es una respuesta que se llevó consigo. En uno de sus cuentos, menciona la muerte como una bendición:”Fuera de eso, sólo tenía un pensamiento: completar su súplica escrita a los poderes bondadosos que, al recorrer el bosque hechizado, podrían alguna vez rescatarlo si le era negada la bendición del aniquilamiento”3. Tal vez Bierce, moría en su escritura.
1 www.. (Sócrates. Apología 29 a-b)
2. www. (H.P Lovecraft)
3. Bierce, Ambrose. Aceite de perro. Bogotá: Editorial Nomos. 2007. p.28
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