Oficio de cartógrafo

lunes, 1 de junio de 2009

Oficio de cartógrafo, travesías latinoamericanas de la comunicación en la cultura, es un libro del autor español Jesús Martín Barbero en el que se exponen los resultados de sus investigaciones a lo largo de tres décadas. En la introducción narra sus aventuras por América latina consignadas inicialmente en artículos de revistas o libros colectivos, y que alentado por la demanda y por la necesidad de poner en investigación la historia del fenómeno de la comunicación fueron reunidas en este. Comienza narrando en forma de crónica la justificación del nombre que titula este texto bajo los significados teóricos de la cartografía desde la óptica de varios autores y lo relaciona con su experiencia a través de la cual retrata el proceso de la comunicación. Dado que sus escritos son producto de sus análisis en diferentes países, la metáfora de la palabra “cartografía” fue la apropiada para reunir los esbozos que ahí encontraron su mapa. El eje temático de este cartógrafo son las mediaciones socioculturales y las mediaciones comunicativas orientadas por el proceso de la comunicación. La primera parte está compuesta por trozos de Comunicación Masiva: discurso poder y Procesos de comunicación y Matrices de cultura, además de algunos escritos de revistas publicados en los años 70 y 80, al igual que la segunda parte que relata publicaciones re-escritas en los años 90.

Al comenzar la primera parte presenta el tema de la dominación y de cómo el dominado trabaja a favor del dominador como sucede en América latina. Para ello explica que en un discurso político, en una noticia, en una novela o en una revista está presente lo ideológico enmarcado en reglas semánticas a partir de las que se crean los mensajes, pero la eficacia del mensaje depende de la relación que tenga una situación expuesta -desde el significado que le da una comunicad- con el conflicto a nivel mundial, aquí se manifiesta la dominación de clase en lo ideológico. Una clase construye su discurso y a través de él convierte un proyecto particular en un proyecto común, de esta forma enmascara su dominación, ya que después de posicionar su ideal lo desvincula de las relaciones sociales que lo sustentan, lo que es un motivo suficiente para dudar de los beneficios y la democratización que las sociedades masivas aportan a una población.

América latina todavía está sujeta a las dogmatizaciones marxistas y estructuralistas, lo que implica una imposición de valores. Incluso en el campo científico hay dependencia, se piensa que no hay dinero o tiempo para producir conocimiento, lo nuestro es aplicar y consumir, por creencia, por moda, por buscar herramientas teóricas no a partir de nuestros procesos sociales sino de lo que hacen otros países, con el fin de estar actualizados en cuanto a técnicas aplicadas olvidando que cada sistema tiene un contexto social. Desde esta óptica el autor lleva a cuestionar la forma en que consumimos, se puede deducir que Colombia como parte de los países tercermundistas se adapta a las nuevas tendencias, las cuales se convierten en prácticas colectivas sin pensar en los beneficios o desventajas implícitas en las nuevas apropiaciones.

La transmisión de la información está atravesada por mitos y farsas. La expansión del mercado hizo de la noticia un producto industrial hecho por acciones y ficciones. La información se convirtió en una actividad económica utilizada por los movimientos políticos y por la religión para influenciar al pueblo a través de las diferentes épocas que enmarcan la historia de la humanidad y sin importar el tema, el comercio impone una marca de producción para presentar los acontecimientos y viciar la información cuando está en manos del estado, de tal manera que se convierte en propaganda. Sólo en manos de entidades privadas que no tengan que dar cuenta de sus publicaciones a la autoridad, los datos serían verdaderos. La doctrina liberal sobre prensa pretende que las noticias circulen al margen de la ley y los conflictos sociales, dice que la buena información puede superar a la mala siempre y cuando halla libre competencia y si la demanda elige a la buena. El discurso de prensa es un proceso de producción pensado para vender lo que el comprador quiere, no se hace en relación emisor receptor, dando a conocer de manera objetiva hechos que informen a la sociedad sobre el acontecer cotidiano y construir opinión a través de ello, esto se logra en la libre competencia, donde cada medio publica lo que le parece pertinente.

Para hablar de las culturas en la comunicación Barbero menciona que debido a la desterritorialización de los límites culturales, no puede verse la cultura o la identidad al margen de conceptos que riñen entre sí, pensada como algo netamente moderno o tradicional. Lo masivo corresponde al mercantilismo y a la tecnología, que es muy diferente al uso social que dan las comunidades a sus objetos, por lo tanto, pensar que cultura e identidad equivale a popular es tan inapropiado como creer que lo moderno es culto. Algunos asocian lo popular con lo auténtico, en tal caso debería estar aislado para evitar contaminación con otras tradiciones. Otros ven en lo popular la vulgarización, lo totalmente alejado de la cultura. Desde la política, lo popular puede significar resistencia autóctona a las imposiciones capitalistas, como también representa la ignorancia o el atraso. En América Latina no puede hablarse desde estas ópticas, ya que los intercambios económicos y políticos conllevan a resignificaciones que cada comunidad le asigna a los nuevos consumos y le permiten modificar sus tradiciones para generar nuevas culturas. Por lo anterior, los márgenes culturales desaparecen y lo que muestran los medios de comunicación no puede tomarse como un discurso que exprese el imaginario de la totalidad de una población.

El proceso de desterritorialización genera nuevas identidades, según este investigador, la comunicación permite logros o fracasos en la lucha por defender y renovar la identidad y está rodeada de circunstancias antagónicas. Por una parte, estar de punta en el desarrollo tecnológico la hace parte de la modernización y ser el medio para informar la somete a la manipulación de tal forma que es un escenario de convergencias y complicidades. Ante la invasión extranjera de los medios masivos de comunicación, algunos gestos nacionalistas presentan resistencia con lo que favorecen a las pequeñas empresas que fracasaron por su mediocridad, y los grandes intelectuales son indiferentes a estos movimientos pues consideran cultura a los consumos provenientes de otros lugares, para ellos no es una transformación de identidad sino la llegada de la cultura.

Vista desde las dinámicas culturales, la comunicación masiva promueve la rearticulación de los márgenes simbólicos de las culturas. Ya no se califica algo como propio o ajeno, las identidades colectivas son permeadas y esos cambios no son buenos o malos, simplemente han cambiado y los juicios de valor no son pertinentes. A la vez que mezclan, los medios masivos separan y fortalecen las divisiones sociales. Por la multiplicación de canales se crea una oferta de espectáculos para las mayorías, los que tienen recursos económicos para acceder a otros canales y tener otro tipo de información, y se reserva una oferta de información para las minorías. Otra dinámica es la aparición de subculturas fuera de un territorio como lo son la imagen y la música, que por no estar ligadas a un lugar geográfico se catalogan como antinacionales cuando en realidad son nuevas identidades con temporalidades cortas, flexibles, que toman elementos de diversos mundos.

Estas dinámicas de reorganización implican cambios en la constitución de identidades, para ello es necesario comprender que la comunicación no impone pensamientos sino que permite re significar una tradición por un sistema transnacional de interacción entre las costumbres de las comunidades, que son cambiadas poco a poco y sustituidas por nuevas identidades para modificar el sentido de lo nacional. Las nuevas propuestas de consumo son aceptadas por las industrias locales con resentimiento pero también son reformuladas. Nuevos movimientos encuentran en la transnacionalización la posibilidad de crear nuevos imaginarios colectivos y reordenar lo político y lo económico en términos culturales. Se reconocen los intereses que articulan las negociaciones y se reterritorializa la cultura. Estas formas de pensar superando las dicotomías descubren en la diferencia un elemento de democracia y una herramienta contra la discriminación y la exclusión, lo que guía al ciudadano a reconocerse en los demás para comunicarse.

En la segunda parte del libro se estudian aspectos paralelos a la comunicación como son la educación, las des-ubicaciones en la investigación de los medios, las experiencias urbanas, la política en los mass media, entre otros argumentos que apoyan esta investigación, pero considero de mayor interés para el curso de sociología de la comunicación, analizar la globalización y su influencia en la cultura generando nuevas formas de apropiación de los espacios y nuevas Identidades.

Mediante sus análisis, Barbero encuentra que una nueva cultura comunicacional se establece en el siglo XXI de la cual las ciencias sociales no se quieren ocupar por la configuración de sus objetos de estudio, estos son móviles, difusos e imposibles de reunir en un conjunto que facilite su análisis. La comunicación atraviesa todos los sectores de lo urbano con sus modos de simbolización, con sus indefinidas fronteras espaciales y temporales que impiden ver con claridad si los saberes culturales son parte de la razón o de la imaginación, de tal manera que se modifica el sentido de las palabras y se generan nuevas figuras en la socialidad.

Para profundizar el concepto de las fronteras aborda el fenómeno de la globalización y su influencia en los nuevos modos de significación. Pensar en globalización nos remite a economía y si bien es cierto, ese fue su objetivo inicial –intercambio de bienes materiales a nivel mundial-, este fenómeno ha transformado también las identidades ya que dicho intercambio involucra el lenguaje, el cuerpo y la memoria. La modernidad lleva el mundo a la variedad de pensamientos resignificando la vida familiar, social, alimenticia, sexual, entre otras, y no únicamente la económica. Con la globalización el desarrollo tecnológico invade al mundo, los modos de producción también están en todo el mundo por lo que el centro del saber en el universo puede estar en cualquier lugar, ya que se descentralizó el conocimiento. Lo que se produce en un lugar se repite en todos virtualmente, hay una réplica, por lo que es más importante la circulación que la producción.

La mundialización de la tecnología conlleva a transformar el mundo en tecnoesfera. La mutación que experimentan los sujetos no es una adaptación inevitable sino un proceso cargado de ambigüedades en el que se multiplican las interacciones entre los viejos y los nuevos modos de apropiación. No es cierto que la innovación tecnológica implica una sumisión a su lenguaje, la misma presión de la tecnología está suscitando la necesidad de relacionarse con la personas y con los objetos de forma inmediata, se está recobrando la importancia del contacto en la comunicación.

En la modernidad aparece el tiempo como elemento determinante en el ritmo de vida generando una contradicción, pues la aceleración en que se produce la novedad es a su vez la causante de que ese objeto se torne obsoleto rápidamente. Los cambios producidos por el tiempo se dan en un espacio, entendido como un conjunto de prácticas no como el lugar donde se practican, la relación espacio/tiempo está afectada directamente por el avance tecnológico al mostrar la diversidad mundial y promover cambios culturales. Sin embargo, los cambios implícitos en la globalización le han devuelto su valor al lugar porque este es un ancla al que pertenece un cuerpo que se desempeña en múltiples acciones y es la corporeidad la forma primordial de la comunicación. El lugar está atravesado por los consumos globales, por las nuevas tendencias arquitectónicas, en el vestuario o en el lenguaje pero es un tejido de parentescos y vecindades. Aquí se aclara que el sentido de un espacio local puede ser el espacio que resulta después de una fragmentación por la deslocalización global y otro es la distorsión, las voces de muchos causando ruido en las redes globales, así como en la Internet, muchos navegan por la red sin ningún objetivo concreto y pocos construyen grupos virtuales que pasan de la conexión al encuentro y a la acción, y terminan territorializándose en un espacio local dentro de una red global. El tiempo mundial podría eliminar el tiempo local de la geografía. En sus orígenes el tiempo era cíclico, después contaba la historia en forma lineal, actualmente es esférico y al deformar la noción de espacio elimina la memoria, el lugar geográfico y su historia.

El autor menciona los imaginarios sociales desde la globalidad. Hay un espacio en el que a los individuos se les quita el peso de la identidad y se les exige únicamente la interacción con información denominado el no-lugar y su contraparte es poder encontrar en el mundo la imagen de todos los territorios, es decir, se exporta lo que produce un territorio y se consume la imagen del mundo entretejiendo relaciones territoriales y globales, creando nuevas formas de percibir el entorno y de sentir para formar un imaginario del mundo. El imaginario colectivo global conserva viejos hábitos, ritmos locales y velocidades aceleradas que dan a conocer las contradicciones implícitas en este suceso.

Otro imaginario de lo global es pensar en relaciones internacionales cuando en realidad necesitamos pensar en mundialización. Este proceso es llevado a cabo por las tecnologías de información en su función de intercomunicar lugares, pero la información no queda estancada ya que al mostrarla el sentido de un lugar en el mundo cambia, pues será conocido por determinadas características expresadas en la información transmitida, en otras palabras, la globalización es una nueva forma de estar en el mundo en cuanto al significado que se le otorga a un lugar dejando de lado el punto geográfico.

Otro concepto relevante en su investigación, sin desmeritar los no mencionados, es la ciudad como parte de las transformaciones de la experiencia urbana. La ciudad es un escenario de comunicación urbana, no es sólo un espacio ocupado o construido sino que sirve de enlace entre diversos territorios y el mundo, pues en ella convergen múltiples culturas que al mismo tiempo son conectadas con lo global. Son los medios de comunicación los que enteran a los habitantes de una ciudad de los eventos acaecidos en cada rincón de ella, teniendo en cuenta que para un individuo el espacio territorial de la ciudad es inabarcable. La ciudad habitada por cuerpos es virtual a causa de la informática y los medios televisivos, a través de la aceleración con que se profundiza y amplifica un hecho que da cuenta de lo que es dicha sociedad.


El lenguaje ameno de la lectura y la claridad para exponer los resultados de la investigación, hacen de este libro un compendio del desarrollo de la comunicación en Latinoamérica en el que se abordan los diversos temas relacionados con esta. Desde la intención del discurso emitido, pasando por los consumos culturales, los medios masivos, las dinámicas, la desterritorialización, la resignificación, las subculturas, los cambios de identidad, la transnacionalización y los nuevos imaginarios, la interacción de las comunidades, las nuevas tecnologías y la tecnoesfera, la relación tiempo-espacio, la globalización y los escenarios urbanos hasta otros conceptos no mencionados como la educación y la política, tienen una explicación en esta obra que evidencia un esfuerzo por retratar el proceso de la comunicación en nuestros países desde una perspectiva objetiva, abierta y libre de prejuicios. Como él lo menciona, la comunicación es reconocerse en los demás a través de la diferencia, esta no debe separarnos sino ayudarnos a reconocer lo que somos y lo que es el otro para construir nuevas relaciones.

0 comentarios:

Publicar un comentario